ANTIGUO GARITO (1978-1998)

ANTIGUO GARITO (1978-1998)

12.Dec.12

En 1974 nacía en la Dársena de Ca'n Barbarà El Garito, un café con aromas literarios.

Palma. Una travesía de la Porta Sant Antoni. José Luis Juan Font, pelo negro, bigote negro, vestido de negro, nos recibe con ganas de hablar un rato. Él fue quien montó el Café Garito, y él es, por lo tanto, el narrador de esta historia. El primer, primer Garito, estuvo en un anexo del Hotel Majorica, en la misma dársena de Ca'n Babarà. “Fue mi familia quien lo puso en marcha: mis hermanos Rafael, Miguel Angel, mis padres y yo. Allí estuvimos desde 1974 a 1978. Era un bar sencillo, pequeño, y en él poníamos la música en un viejo tocadiscos. Venía bastante gente conocida, los chavales de El Terreno, gente del barrio..."

 

El nombre de Garito tiene un origen con cierto aroma literario. Por aquella época José Luis frecuentaba la casa de Don Camilo José Cela, en la Bonanova. Tenía gran amistad con su hijo, y muchas veces consumían las tardes rodeados de los Papeles de Son Armadans. “A Cela papá le gustaba montar tertulias a su medida, es decir, con poca gente para que él pudiese hablar todo el rato. Al escritor gallego no le interesaba demasiado la música, más bien no era muy partidario de la música, a excepción de algún tango. Una vez le puse uno de Carlos Gardel, y me comentó que había escogido el peor, el más cursi. En fin.... Cela era así”. Un día José Luis Juan le explicó al autor de Oficio de Tinieblas 5 que quería, pues eso, montar un bar, y el escritor le sugirió poner el nombre de uno de sus cuentos: Garito de Hospicianos: guirigay de imposturas y bambollas. Pero todo parecía demasiado largo, demasiado complejo, así que -entre tertulia y tertulia- el sentido común se impuso y surgió un sintético Garito. "Además, en la casa de la Bonanova había un doble cuarto que daba a la entrada; dos pequeñas estancias donde se almacenaban hojas de papel y revistas". A ese sitio también le llamaban.... Garito.
 
 
La familia Cela ejerce una gran influencia en la formación artística de Font. Un interés e inquietud por la creación que el Café Garito siempre ha fomentado: cómic, creación plástica, fotografía, cine y videoarte han tenido, por tradición, un lugar reservado en el local. El interés de José Luis por la música y la estética fue germinando, poco a poco, en el anexo del Majorica. Wishbone Ash y New York Dolls, pero también los Rollings, Beatles, Dylan y Pink Floyd. “Eran los 70, y la música tenía un nivel creativo alucinante. Cada poco aparecía un Clapton o una bestia similar. Estábamos en un bar de amigos y poníamos la música que nos gustaba".
 
 
1978. Ian Dury rockea. La explosión punk y new wave se esparce en brisa creativa. La familia Font decide trasladar el negocio a su actual ubicación, no muy lejos del Hotel Majorica, en un edificio relativamente nuevo. El nuevo local es más grande, y se le instala un mejor un equipo de música. “Cuando entramos estaba realmente pelao.... Entonces me hizo mucha ilusión crear algo nuevo, diferente. Una decoración que combinase el carácter de antiguo café clásico de aire art-decó con la nueva estética industrial”. Se coloca en el suelo las características baldosas hidráulicas negras y blancas. En la parte de arriba se pone un billar rodeado de espejos y parrillas de madera. Estos soportes servirán para colocar las obras en las exposiciones. Allí dan a conocer su trabajo los hermanos Andreu y Esteve Terrades, Luis Juncosa, los comiqueros Max y Rafael Vaquer, Sara Gibert, o el mago miniaturista Miquel Angel Llonovoy. En la revista "El Jueves" se ve al Café Garito reflejado en las tiras de Johnny Roqueta, un clásico del tebeo rockabilly. “En la viñetas no ponía que era el Garito, pero estaba clarísimo que lo era. Rafael Vaquer ambientó aquí algunas de sus mejores historias”.
 
 
Entre bola y bola de billar, la cultura popular estaba haciendo un hueco a la académica y oficial. “Para que la gente expusiese en el Garito no poníamos muchas exigencias, lo único que pedía era coherencia”. Los clientes, por la tarde, seguían siendo los incondicionales de siempre. Un adolescente Víctor Uris, miembro de la Armònica Coixa Blues Band, se dejaba seducir por la música del local. Camilo José Cela hizo acto de presencia, y se sentó bajo el espejo que pone “Buñolería”. Una foto, pegada aún hoy junto a la barra, le delata. El británico Kevin Ayers, púber de la psicodelia británica, quiere tocar en el café, pero José Luis no se deja convencer. “El ex cantante de Soft Machine no me paraba de pedir si le dejaba el local para actuar. Y yo le decía que fuese al Piano Bar, que allí podría hacerlo en condiciones”.
 
 
En la escena de Ca'n Barbarà se respira buen rollo. Hay buena sintonía con los clubs vecinos, es decir, el Corb Marí y el citado Piano Bar (más tarde Villarío). El guitarrista de jazz Joan Bibiloni toca allí para después ir hacer la copita en el Garito. José Luis y sus hermanos también suelen tomar algo en los bares de al lado. “Fue una buena época, había sintonía entre los tres locales, compartíamos conversación y copas con sus dueños. La gente empezó a venir y llenábamos los fines de semana".
 
 
En el año 1983 nace el germen de lo que más tarde será el origen a la nueva etapa del Garito. Un joven vallisoletano, de nombre Nacho Velasco, visita Mallorca en viaje de estudios. Se deja caer por el Garito una tarde. Escucha el Wish you were here de Pink Floyd, y se queda prendado con la atmósfera del local. Horas después, ya de noche, vuelve. La música es ahora mucho más rítmica, y las guitarras más cortantes y agresivas. Nace una relación mental, afectiva, que ha perdurado hasta hoy en día.
 
 
Luis Dias Santilano, amigo de José Luis, se ocupa de comprar y pinchar los vinilos. Estos plásticos surten la banda sonora de una época irrepetible, desde Siouxie and The Banshees hasta The Cure, pasando por Echo and The Bunnymen o los Chameleons. “En aquella época descubrimos algo nuevo: la música española. Hasta la movida madrileña sólo la asociábamos a la pandereta y a la copla. De repente, escuchar a Alaska, Loquillo o Nacha Pop fue la ostia". Los primeros ochenta dan una segunda oportunidad a Gomila, con el Terminal y el Chotis al frente, pero la dársena de Ca'n Barbarà sigue sus propias pulsaciones internas. Cerveza, mucha cerveza. Primaban, sobre todo, los barriles de la casa Damm.
 
 
Mientras Palma conoce los efluvios de la movida madrileña, en el Garito comienza a sonar la música de Peor Imposible, cuyos miembros también frecuentan el local. La gente acude masivamente los viernes por la noche mientras los chupitos se ponen de moda. “Nos publicitamos sin flyers, pero la gente respondió. Los famosos pasaban por aquí desapercibidos, se sentían tranquilos. De hecho, lo último que se nos pasaba por la cabeza era llamar a la prensa". Los ochenta se vivían felices mientras el Café Garito rivalizaba con La Polilla, el Joe's o El Patio. "En el 88 venía un escándalo de gente, gente nueva”. Fue la primera época dorada del café, cuando aún no se apodaba club. Un momento único, especial, que fue declinando con los años noventa.
 
 
La década del grunge asoma a la puerta. Los bares del entorno cambian de manos, mientras el ambiente se torna más hostil, perdiendo ese componente familiar que había caracterizado a Ca'n Barbarà en la década anterior. José Luis introduce algunas novedades, como una carta de sandwiches. “Básicamente, lo que hicimos fue copiar los de La Farmacia, que habían tenido un gran éxito y estaban buenísimos. No había más secreto. Aunque lo intentamos, no lo conseguimos plenamente”. Los locales vecinos empiezan con los primeros afters. El control policial sobre la zona se agudiza, y la armonía se pierde. Para evitar problemas, la familia Juan se ve obligada a prohibir el consumo de porros en el local. “Me obsesioné con el tema. No queríamos líos, sólo mantener el bar abierto. Entonces me empecé a poner un poco pesado con algunos clientes, hasta el punto de colocar unos carteles que decían: En este local la únicas drogas permitidas son el tabaco y el alcohol”. A mediados de los años 90, y en cierto modo, por el deterioro del ambiente en la dársena, el local va perdiendo tirón, y la familia Juan empieza a plantearse la opción de traspasar el negocio. Finalmente, un día de marzo de 1998 se pudo oír la última canción en el antiguo Garito.
Tataki de atún Yellowfin

Tataki de atún Yellowfin

24.Apr.17

Corría el 1866 cuando el samurai Sakamoto Ryōma se inspiró en la forma de asar la carne de los turistas europeos. Un toque de jenjibre por aquí, otro de vinagre por allá... y vualá: nació el Tataki.


El mismo que hoy servimos en Garito con vinagreta de miso, miel y jengibre, y ensaladita de pepino, cebolleta, algas wakame y gomasio


Garito Café: Platos con su historia

TIRADITO DE SALMÓN

TIRADITO DE SALMÓN

25.Oct.16

Estilo sashimi, con una vinagreta dulce y una picadita de mango, aguacate, tomate, jengibre y cilantro

MOJITO ROYAL

MOJITO ROYAL

24.Oct.16

Frescura real

CEVICHE APASIONADO

CEVICHE APASIONADO

24.Aug.16

Ceviche apasionado, frescura a la perfección

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